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Bitácora de un Emigrante Por Lexter Savio

2020.06.11 06:43 revact Bitácora de un Emigrante Por Lexter Savio

…a mi cita fui, pero el horizonte se había cansado de esperar. J. Sabina. …a todos los emigrantes, en especial a los cubanos. Miami, Florida, Junio 2019.
En las alturas de una barbacoa* en Centro Habana, una de las gavetas del viejo gabinete de mi bisabuela, alberga aún la boleta con la ubicación de trabajo asignada una vez graduado. Había abandonado aquel año, el puesto como profesor de Ecuaciones de la Física-Matemática en la Facultad de Ciencias y Tecnologías Nucleares de la Universidad de La Habana. Había tomado un avión destino a la Ciudad de México por séptima vez. Y había decidido no regresar, -al menos no desde México-… ¿Pero cómo marcharse y dejar todo lo que se ha amado, todo lo que se ha vivido, todo lo que uno verdaderamente es? Las calles que te vieron crecer, el árbol donde jugabas a las escondidas, los bancos de los parques sin luces, donde maduraron los primeros amores, los primeros besos, las primeras traiciones. Los amigos de la infancia más temprana, los que conocieron la versión más humana de tí mismo. ¿Cómo seguir sin mirar atrás, para no ver las lágrimas en los ojos de los seres queridos? ¿Cómo safarse de toda la historia almacena el alma de la noche a la mañana?… Había llegado a Tijuana… Me habían esposado por primera y única vez… Y el territorio americano me amparaba bajo la ley que ha aceptado a tantos y tantos cubanos, que en busca de esperanzas abandonamos nuestro país. “Bienvenido a la YAMA” decían por todos lados. “Este es el país del YES y el OK, donde haces lo que te manden” -solía decir un viejo conocido-… Me había quedado solo después de un encuentro prometido. No tenía dinero, no tenía trabajo, ni siquiera tenía identificación. En el país de las libertades me sentía menos libre que nunca. Un hombre necesita algo o alguien donde depositar su esperanza. Un hombre sin esperanzas es un hombre dispuesto a perderlo todo en cualquier momento. La esperanza lo mantiene atento, enfocado, le ofrece una meta, lo mantiene vivo… En tales condiciones había considerado varias veces la idea de regresar, como si nada hubiese pasado. Sería recibido como gusano o como héroe, en cualquiera de los dos casos -si es que son distintos-, me hubiese convertido en un tipo muy polémico, posiblemente famoso. “Profesor universitario cruza la frontera y luego de llegar a Miami compra un boleto de avión y regresa a La Habana” hubiesen sido los titulares… Pero cómo regresar teniendo bajo las pies, la tierra por la que tantos cubanos han muerto, cómo regresar teniendo un mundo abierto a las oportunidades… La posibilidad de ayudar a los tuyos que quedaron en la isla, la posibilidad de un mejor futuro, la posibilidad de volver a ser tu mismo en tierras ajenas; esas son las raíces de las cuales, un emigrante se sujeta en su nueva realidad. Había pasado por intervalos de tiempo donde trabajaba donde fuera necesario. Trabajos de esos donde los demás te miran como si te tuviesen lástima. Era un fenómeno muy raro, el pensar que meses anteriores exponía; como interactuaba la molécula de monóxido de nitrógeno (NO) con una matriz de gas noble en condiciones cercanas al cero absoluto. Y verte de momento, descargando un camión, fregando carros, armando pallets, o recogiendo las inmuebles que ya no consideraban necesario los habitantes de un condominio y los tiraban a la basura. No era solo yo, así íbamos un montón de emigrantes, mayormente latinoamericanos ganándonos la vida, buscando nuestro lugar… Había decidido dejar crecer mi pelo, no importaba que ocurriera, crecería hasta mi regreso. Sentía que con el crecer del cabello me hacía más dueño de mí mismo, de mi realidad que no era muy favorable. Era una muestra de: – no quiero que me veas como ves al resto, no sabes que pasa por mi mente- no es una mente comercial como las que suelen a menudo cruzar las calles de esta ciudad multicultural. ¿Y cómo ser transparente en un mundo de gente opaca? Esta ciudad almacena personajes muy raros y gente de muchos colores. Las personas desarrollan un armazón para su auto-protección, porque asumen que todos a su alrededor solo quieren joderlo. Ocurre que en lugar de traernos lo mejor de nuestros países, salen a la superficie las cualidades más egoístas y mezquinas… Un cargo, o el mínimo rasgo de poder que se le otorga a alguien, lo convierte en un breve dictador y como consecuencia no hace más que atropellar a sus paisanos. La gente compra cosas que no necesitan -muchas cosas diría yo- intentando llenar los vacíos que su realidad emocional no llena. La mujeres son infelices, los hombres están siempre demasiado ocupados y no tienen el tiempo necesario para satisfacer a sus mujeres, lo cual finalmente acaba aumentando la infelicidad de ambos. Están los que de regreso a su país, solo intentan mostrar una mejor versión de ellos mismos, al menos una mejor versión económica. Los que no dejan de repetir cual era su profesión antes de emigrar, para lucir mejor y más digno en una conversación. Los que se llenan de cadenas doradas, para darse más valor, porque como humanos son insuficientes. Los que hacen sonar el motor de su carro más alto que el resto, porque su incapacidad intelectual y su odio interior, no les permite ver que no son más que imbeciles… Están las nuevas y viejas generaciones de cubanos que solo hablan del día en que termine el atroz régimen que consume a Cuba, ya que en la propia Isla a nadie realmente le importa. Y así vamos más desunidos, más esclavos del ego, más reparteros, más Bajanda, más recargas, más especuladores, más indolentes, más sombras y menos luces, así vamos… Nos alimentamos de mentiras en todos lados, de malas vibras, de hipócritas -de muchos hipócritas-, de gente que aprende a mentir muy rápido y se van perdiendo, la superficialidad y la mediocridad generalizada los consume. “Y cuando los demás son el infierno, uno mismo no es el paraíso”*. … … … Mi cabello había crecido lo suficiente, pasaba por debajo de los hombros, indicando el momento de regresar… Los reencuentros tienen ese don de sorprendernos, porque inconscientemente siempre uno imagina repetidas veces la escena del reencuentro. Independientemente del tipo y del modo de reencuentro siempre ocurre este proceder… Había llegado a La Habana sin muchas complicaciones y la visión de la isla por vez primera, luego de un largo período de tiempo, conmueve al alma más ruda. Llevaba mi equipaje a las puertas de salida donde esperan siempre los familiares y los abrazos desencadenaron las lágrimas que llevaba almacenando durante tres largos años. Respiraba una y otra vez, volvía a respirar, largos y profundos shoots de aire, re-descubriendo los olores de La Habana. Encendí mi primer cigarro en el balcón con vista a la iglesia que me bautizó de meses. Me detuve a mirar perdidamente a la virgen con el niño en las manos, y en un murmullo estremecedor le dije: aquí estoy de nuevo… “Se vende esta casa” pregonaba la inmensa puerta de los años veinte, con vista a la calle Infanta, cruzada por Neptuno. Este letrero sugería la posibilidad de que probablemente la próxima vez que regresará, mi casa no sería mi casa nunca más… Todo se veía más pequeño, las avenidas, las aceras, los cuartos de las casas que solía visitar, las paredes, la cama donde dormía y que ahora heredó mi hermana. La suciedad de la Habana en todas partes, el apuro de las personas atropelladas en el transporte público, la no existencia de servilletas, la escasez de tantas cosas y una múltiple superposición de detalles, traen a tu mente el hecho de que has cambiado tú y que la ciudad sigue siendo ella, aunque lentamente se convierta en escombros… Pero el mundo asume otro matiz en el regocijo del abrazo de la abuela, del beso de tu madre, la risa y las bromas de los primos y la manera de amar de los hermanos. Los cuentos una y otra vez rememorados por el abuelo, al que todos conocen en el pueblo, porque es una leyenda viva. ¿Cómo valorar una partida de dominó con los amigos de cuando tenías 10 años? ¿Cuánto valor tiene la familia reunida, aclimatada por el ron cubano, la cerveza Bucanero y un lechoncito al asado? Recorrer la escuela primaria donde los recuerdos llevan tu nombre en las paredes, aunque ahora milagrosamente estén re-modeladas. El campo de volleyball, donde solo se jugaba a la pelota, con una bolita hecha de chapapote. Los viejos recuerdos casi caducados del zun zun de la carabela o la rueda rueda de pan y canela, las pequeñas esquinas donde besaste por primera vez, donde casi todo te daba pena y donde tu mejor amigo bailaba con tu noviecita porque tú no sabías bailar. Abrazar a tu primera novia, que ahora está casada y tiene una vida muy distinta a la tuya, ver como cada vez tu padre y tú tienen más cosas en común, dormir al lado de tu abuela como cuando eras un niño y había apagón… Esas pequeñas cosas del retorno al lugar donde fuiste feliz, no tienen precio, son el refugio que te guarda la memoria para recordarte de dónde vienes y qué cosas te definen… Luego de varios años el emigrante tiene un serio problema de identidad, siente que no es parte de ningún sitio, que su vida está dividida, que la nostalgia es un factor con el que tendrá que vivir siempre y que virar atrás ya no es una opción. Que no hay nada más triste y conmovedor que la vejez en la mirada de los seres queridos. Que tus padres cada vez, en cada regreso estarán más viejos, que seguirán los cumpleaños, los aniversarios, los fines de años, los días de las madres y los días de los padres y que también llegará la muerte dado el momento. Pasarán todas esas fechas, volverá a crecer mi cabello unas cuántas veces más, seguirán los viajes y la gente idiotizada y seguirá la vida que no para y no esperará por ti. Tu ausencia recorrerá la línea de los acontecimientos, y la constante añoranza del que se ha ido te penetrará los huesos, a pesar de ti y a pesar de todos… *Barbacoa: pequeña alcoba construida en lo alto de las casas. * “Y cuando los demás son el infierno, uno mismo no es el paraíso” parafraseoa Mario Benedetti.
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2020.06.11 06:39 revact Bitácora de un Emigrante por Lexter Savio

…a mi cita fui, pero el horizonte se había cansado de esperar. J. Sabina. …a todos los emigrantes, en especial a los cubanos. Miami, Florida, Junio 2019.
En las alturas de una barbacoa* en Centro Habana, una de las gavetas del viejo gabinete de mi bisabuela, alberga aún la boleta con la ubicación de trabajo asignada una vez graduado. Había abandonado aquel año, el puesto como profesor de Ecuaciones de la Física-Matemática en la Facultad de Ciencias y Tecnologías Nucleares de la Universidad de La Habana. Había tomado un avión destino a la Ciudad de México por séptima vez. Y había decidido no regresar, -al menos no desde México-… ¿Pero cómo marcharse y dejar todo lo que se ha amado, todo lo que se ha vivido, todo lo que uno verdaderamente es? Las calles que te vieron crecer, el árbol donde jugabas a las escondidas, los bancos de los parques sin luces, donde maduraron los primeros amores, los primeros besos, las primeras traiciones. Los amigos de la infancia más temprana, los que conocieron la versión más humana de tí mismo. ¿Cómo seguir sin mirar atrás, para no ver las lágrimas en los ojos de los seres queridos? ¿Cómo safarse de toda la historia almacena el alma de la noche a la mañana?… Había llegado a Tijuana… Me habían esposado por primera y única vez… Y el territorio americano me amparaba bajo la ley que ha aceptado a tantos y tantos cubanos, que en busca de esperanzas abandonamos nuestro país. “Bienvenido a la YAMA” decían por todos lados. “Este es el país del YES y el OK, donde haces lo que te manden” -solía decir un viejo conocido-… Me había quedado solo después de un encuentro prometido. No tenía dinero, no tenía trabajo, ni siquiera tenía identificación. En el país de las libertades me sentía menos libre que nunca. Un hombre necesita algo o alguien donde depositar su esperanza. Un hombre sin esperanzas es un hombre dispuesto a perderlo todo en cualquier momento. La esperanza lo mantiene atento, enfocado, le ofrece una meta, lo mantiene vivo… En tales condiciones había considerado varias veces la idea de regresar, como si nada hubiese pasado. Sería recibido como gusano o como héroe, en cualquiera de los dos casos -si es que son distintos-, me hubiese convertido en un tipo muy polémico, posiblemente famoso. “Profesor universitario cruza la frontera y luego de llegar a Miami compra un boleto de avión y regresa a La Habana” hubiesen sido los titulares… Pero cómo regresar teniendo bajo las pies, la tierra por la que tantos cubanos han muerto, cómo regresar teniendo un mundo abierto a las oportunidades… La posibilidad de ayudar a los tuyos que quedaron en la isla, la posibilidad de un mejor futuro, la posibilidad de volver a ser tu mismo en tierras ajenas; esas son las raíces de las cuales, un emigrante se sujeta en su nueva realidad. Había pasado por intervalos de tiempo donde trabajaba donde fuera necesario. Trabajos de esos donde los demás te miran como si te tuviesen lástima. Era un fenómeno muy raro, el pensar que meses anteriores exponía; como interactuaba la molécula de monóxido de nitrógeno (NO) con una matriz de gas noble en condiciones cercanas al cero absoluto. Y verte de momento, descargando un camión, fregando carros, armando pallets, o recogiendo las inmuebles que ya no consideraban necesario los habitantes de un condominio y los tiraban a la basura. No era solo yo, así íbamos un montón de emigrantes, mayormente latinoamericanos ganándonos la vida, buscando nuestro lugar… Había decidido dejar crecer mi pelo, no importaba que ocurriera, crecería hasta mi regreso. Sentía que con el crecer del cabello me hacía más dueño de mí mismo, de mi realidad que no era muy favorable. Era una muestra de: – no quiero que me veas como ves al resto, no sabes que pasa por mi mente- no es una mente comercial como las que suelen a menudo cruzar las calles de esta ciudad multicultural. ¿Y cómo ser transparente en un mundo de gente opaca? Esta ciudad almacena personajes muy raros y gente de muchos colores. Las personas desarrollan un armazón para su auto-protección, porque asumen que todos a su alrededor solo quieren joderlo. Ocurre que en lugar de traernos lo mejor de nuestros países, salen a la superficie las cualidades más egoístas y mezquinas… Un cargo, o el mínimo rasgo de poder que se le otorga a alguien, lo convierte en un breve dictador y como consecuencia no hace más que atropellar a sus paisanos. La gente compra cosas que no necesitan -muchas cosas diría yo- intentando llenar los vacíos que su realidad emocional no llena. La mujeres son infelices, los hombres están siempre demasiado ocupados y no tienen el tiempo necesario para satisfacer a sus mujeres, lo cual finalmente acaba aumentando la infelicidad de ambos. Están los que de regreso a su país, solo intentan mostrar una mejor versión de ellos mismos, al menos una mejor versión económica. Los que no dejan de repetir cual era su profesión antes de emigrar, para lucir mejor y más digno en una conversación. Los que se llenan de cadenas doradas, para darse más valor, porque como humanos son insuficientes. Los que hacen sonar el motor de su carro más alto que el resto, porque su incapacidad intelectual y su odio interior, no les permite ver que no son más que imbeciles… Están las nuevas y viejas generaciones de cubanos que solo hablan del día en que termine el atroz régimen que consume a Cuba, ya que en la propia Isla a nadie realmente le importa. Y así vamos más desunidos, más esclavos del ego, más reparteros, más Bajanda, más recargas, más especuladores, más indolentes, más sombras y menos luces, así vamos… Nos alimentamos de mentiras en todos lados, de malas vibras, de hipócritas -de muchos hipócritas-, de gente que aprende a mentir muy rápido y se van perdiendo, la superficialidad y la mediocridad generalizada los consume. “Y cuando los demás son el infierno, uno mismo no es el paraíso”*. … … … Mi cabello había crecido lo suficiente, pasaba por debajo de los hombros, indicando el momento de regresar… Los reencuentros tienen ese don de sorprendernos, porque inconscientemente siempre uno imagina repetidas veces la escena del reencuentro. Independientemente del tipo y del modo de reencuentro siempre ocurre este proceder… Había llegado a La Habana sin muchas complicaciones y la visión de la isla por vez primera, luego de un largo período de tiempo, conmueve al alma más ruda. Llevaba mi equipaje a las puertas de salida donde esperan siempre los familiares y los abrazos desencadenaron las lágrimas que llevaba almacenando durante tres largos años. Respiraba una y otra vez, volvía a respirar, largos y profundos shoots de aire, re-descubriendo los olores de La Habana. Encendí mi primer cigarro en el balcón con vista a la iglesia que me bautizó de meses. Me detuve a mirar perdidamente a la virgen con el niño en las manos, y en un murmullo estremecedor le dije: aquí estoy de nuevo… “Se vende esta casa” pregonaba la inmensa puerta de los años veinte, con vista a la calle Infanta, cruzada por Neptuno. Este letrero sugería la posibilidad de que probablemente la próxima vez que regresará, mi casa no sería mi casa nunca más… Todo se veía más pequeño, las avenidas, las aceras, los cuartos de las casas que solía visitar, las paredes, la cama donde dormía y que ahora heredó mi hermana. La suciedad de la Habana en todas partes, el apuro de las personas atropelladas en el transporte público, la no existencia de servilletas, la escasez de tantas cosas y una múltiple superposición de detalles, traen a tu mente el hecho de que has cambiado tú y que la ciudad sigue siendo ella, aunque lentamente se convierta en escombros… Pero el mundo asume otro matiz en el regocijo del abrazo de la abuela, del beso de tu madre, la risa y las bromas de los primos y la manera de amar de los hermanos. Los cuentos una y otra vez rememorados por el abuelo, al que todos conocen en el pueblo, porque es una leyenda viva. ¿Cómo valorar una partida de dominó con los amigos de cuando tenías 10 años? ¿Cuánto valor tiene la familia reunida, aclimatada por el ron cubano, la cerveza Bucanero y un lechoncito al asado? Recorrer la escuela primaria donde los recuerdos llevan tu nombre en las paredes, aunque ahora milagrosamente estén re-modeladas. El campo de volleyball, donde solo se jugaba a la pelota, con una bolita hecha de chapapote. Los viejos recuerdos casi caducados del zun zun de la carabela o la rueda rueda de pan y canela, las pequeñas esquinas donde besaste por primera vez, donde casi todo te daba pena y donde tu mejor amigo bailaba con tu noviecita porque tú no sabías bailar. Abrazar a tu primera novia, que ahora está casada y tiene una vida muy distinta a la tuya, ver como cada vez tu padre y tú tienen más cosas en común, dormir al lado de tu abuela como cuando eras un niño y había apagón… Esas pequeñas cosas del retorno al lugar donde fuiste feliz, no tienen precio, son el refugio que te guarda la memoria para recordarte de dónde vienes y qué cosas te definen… Luego de varios años el emigrante tiene un serio problema de identidad, siente que no es parte de ningún sitio, que su vida está dividida, que la nostalgia es un factor con el que tendrá que vivir siempre y que virar atrás ya no es una opción. Que no hay nada más triste y conmovedor que la vejez en la mirada de los seres queridos. Que tus padres cada vez, en cada regreso estarán más viejos, que seguirán los cumpleaños, los aniversarios, los fines de años, los días de las madres y los días de los padres y que también llegará la muerte dado el momento. Pasarán todas esas fechas, volverá a crecer mi cabello unas cuántas veces más, seguirán los viajes y la gente idiotizada y seguirá la vida que no para y no esperará por ti. Tu ausencia recorrerá la línea de los acontecimientos, y la constante añoranza del que se ha ido te penetrará los huesos, a pesar de ti y a pesar de todos… *Barbacoa: pequeña alcoba construida en lo alto de las casas. * “Y cuando los demás son el infierno, uno mismo no es el paraíso” parafraseoa Mario Benedetti.
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2020.03.10 00:15 hmillos Trabajo Freelance en CDMX - Soporte IT

Buen días Redditors Mexicanos,
Escribo desde Rackbot.co, somos una empresa colombiana que presta servicios de soporte IT, como parte de un contrato que tenemos con una empresa con presencia en México debemos realizar visitas para prestar el servicio de soporte IT en las instalaciones del cliente (On site visit) en Ciudad de México, estas visitas incluyen asistencia a los usuarios, configuración y restauración de equipos, instalación de software, equipos de red y temas IT en general.
Nuestro modelo es freelance, es por esto que hoy me encuentro buscando personas con conocimientos y experiencia en IT para atender dichas visitas.
F.A.Q.
Cualqueir información pueden escribir acá o al correo [email protected]
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2018.09.18 07:25 Zetusleep5390 La leyenda de los estudios en el callejón del aguacate.

La leyenda de los estudios en el callejón del aguacate.
Los últimos señores Mexicas habían llorado ya la pérdida de las tierras que algún día los acogieron y fueron testigo de la gloria de Azcapotzalco, que por aquellos días era el señorío responsable de estos parajes del sur de la Ciudad de México.
https://preview.redd.it/ytfbhd0wmxm11.jpg?width=1829&format=pjpg&auto=webp&s=0d378d702fb3361927e955cfac275b117cb743ce
Don Hernán Cortes había invitado a capitanes, soldados y aliados a un enorme banquete con vino de Castilla y cochinos de Cuba. Años después, Bernal lamentaría en sus crónicas de la conquista que los lugares fueron insuficientes y por otras cosas acaecidas aquella noche, hubiese preferido que nunca se llevara a cabo. La más macabra de las cosas acaecidas es el origen de esta historia. La noche fue agridulce, estuvo manchada por la sangre aunque no tuvo lugar batalla alguna. Las crónicas y la historia se han esforzado por borrar los terribles hechos que en aquella noche larga de Coyoacán costaría la vida de dos inocentes. No sólo las quejas por el espacio ahogaron la noche gloriosa de Cortés. Pasadas las 11 de la noche todas las antorchas se extinguieron, como por acto de magia la penumbra abrazó el patio del real de Cortés, el embrujo lo rompió el llanto desesperado de uno de los niños que jugaba en los pasillos, ese llanto centró la atención de todos los presentes que corrieron a avivar las antorchas y velas para restablecer la iluminación de aquel lugar. Los perros que habían acompañado a Cortés, tesoro preciado del conquistador, ladraron con violencia estridente que heló la sangre de todos los asistentes. Dos espadas de madera fueron halladas en el suelo, ante la mirada atónita y desesperada del resto de pequeñines que no atinaban a decir nada más que: “Julian y Rodolfo, ¡la noche se los ha tragado!”.
Entre llantos y confusión una puerta se cerró, como señalando el punto de escape de esa oscuridad que se había tragado a los pequeños.
Dos soldados liberaron a los perros, los canes corrieron velozmente por la puerta que señalaba el punto de escape -en todo momento ladrando con violencia y autoridad, como si sus ladridos fueran a detener al mal que ya todos buscaban-. Una comitiva liderada por Don Rodolfo De Escalante salió acompañando a los canes para apresar al responsable y dar con el paradero de los dos hijos varones del capitán español. Corrieron todos por caminos rurales y parcialmente empedrados, en espera de los caballos, carruajes y coches que algún día transitarían esas calles (algunas de las cuales al día de hoy siguen manteniendo tan rudimentario camino) como lo son los palacios y casonas españolas de estilo colonial que por aquellos días no eran sino cimientos, hoy testigos de la historia de México que nacía con la Nueva España tras la muerte de Tenochtitlán.
Finalmente, uno de los perros tomó camino por lo que hoy en día sería el final de la calle Francisco Sosa, donde la calle se convierte en la Cerrada Francisco Sosa; lugar en el que hoy se levanta un muro de piedra que en una esquina guarda un antiguo altar a la virgen del Rosario, sobre el que se elevan las ramas de un árbol de aguacate. Aquel perro paró y comenzó a ladrar en la penumbra con desesperación. La comitiva apresuró el paso y todos como una marcha coordinada pararon súbitamente ante una escena francamente dantesca. El perro que los había guiado tenia las orejas gachas, no dando crédito el animal a lo que sus ojos veían: eran las piernas y brazos del pequeño Julian De Escalante. El perro se lanzó contra un ente que estaba parado en la penumbra, desapareció para no ser visto más.
La pierna derecha del pequeño, cubierta en sangre, antecedía en fila a la pierna izquierda que a su vez estaba antes del brazo derecho y luego el izquierdo; donde la pequeña mano del inocente terminaba señalando hacia adelante en dirección a aquel ente de espaldas anchas y tamaño descomunal. El ruido que salía de aquella bestia era el de un coyote hambriento devorando a su presa. En sus anchas espaldas el torso y rostro de dolor del pequeño Julian que aún agonizaba, al borde de perder la consciencia el niño lloraba con desesperación y a los pocos segundos de que los soldados llegaron a su encuentro el pequeño perdió la conciencia. Un grito rompió el hechizo: “dadme la cara, ¡hideputa!” gritó un arcabucero de la comitiva, quien al mismo tiempo descargó en contra de la criatura. Aquel ente volteó despacio, entre sus brazos el cuerpo del pequeño Rodolfo De Escalante, de quien quedaba todo menos las vísceras que devoraba aquella criatura infernal. Los ojos de aquel ente eran de un rojo tan ardiente como las brazas que cocinaron los cochinos que ahora vomitaban todos los presentes a tan grotesco espectáculo. Varios de los soldados que componían la comitiva no pudieron contener las lágrimas y la desesperación, quedaron desarmados ante la barbarie que atestiguaban pues no hubo horror en las guerras que muchos ya habían vivido que se equiparara a lo que estaban presenciando. El cuenco que contenía las vísceras del niño le servían de plato ceremonial para beber la sangre del pequeño, a quien tomó entre sus brazos y alzó dejándolo suspendido para drenar todo su líquido vital.
El arcabucero entre llantos cargó nuevamente el arcabuz y arremetió contra la bestia. No pareció dañarla en absoluto. La reacción que aquella afrenta suscitó fue que el cuerpo del pequeño Rodolfo terminó recargado en una de las rodillas de la monstruosa aparición que arrancó de su espalda el torso de Julian y mordió su cuello para drenarlo también, el sonido de aquello era espantoso y toda vez que hubo bebido la última gota de sangre tomó de la cabeza los restos del niño, con violencia sin más lanzó el tronco del infante en dirección a la comitiva que inmóvil e impotente no daba crédito a lo que estaba viviendo, fue tal la fuerza con la que realizó el lanzamiento que la cabeza se desprendió del torso y quedó en la mano de ese monstruo. Así fue que abrió la boca de la cabeza, desprendió la quijada y lanzó a la oscuridad el resto de la pequeña cabeza. Dicha mandíbula sirvió entonces como un cuchillo ceremonial, la bestia tomó el hueso que había obtenido de Julian y rompiendo el esternón del pequeño Rodolfo accedió a su corazón, lo sacó. Lo sostuvo en sus manos y lo elevó como ofrenda a los dioses de esas tierras, ante todos los presentes de un sólo bocado devoró ese órgano. Del cielo cayó un rayo, como dictando sentencia de aquel rito se escuchó el aullido de un coyote proveniente de esa fiera, el suelo se abrió y el ente lanzó una bocanada de sangre hacia el cielo y desapareció al sonido de un extraño vocablo náhuatl que retumbó en los oídos de todos los presentes: NETZONCUILIZTETLATZACUILTILIZTLI (un aliado luego lo tradujo para todos, la venganza se ha consumado). Aquella sangre bañó una pequeña planta recién sembrada en la esquina de la muralla que limitaba los terrenos que pertenecían a Don Rodolfo De Escalante.
Don Rodolfo yacía en el piso, con el gesto de quien ha sido absolutamente derrotado. El peor castigo aún estaba por llegar. Su esposa Aura había sido avisado por alguien de la comitiva de lo ocurrido y a toda velocidad puso marcha por la noche, su hermoso vestido de gala no fue obstáculo para la desconsolada carrera de una madre que no quería dar veracidad a lo contado… hasta que llegó y se encontró con la horrible escena. El llanto desconsolado de la madre fue tal que los testigos se persignaron y llorando se esfumaron dejando en la absoluta soledad a la pareja. La madre tomaba las manos del pequeño Julian, acariciaba el rostro de Rodolfo, su llanto era incesante y su dolor no tenía parangón. Los días con sus noches que siguieron a tal atrocidad fueron para la mujer, agonía e infierno en vida. Los días los pasaba Doña Aura de rodillas en aquella discreta planta, que algún día sería un árbol de aguacate, lamentando sin parar la irremediable perdida de sus dos hijos. Por las noches dos esclavos tenían que salir por ella para cargarla al interior de la casa cuyas ventanas eran el vitral de aquel dolor indescriptible que consumió a Doña Aura. Las únicas palabras que salían de su boca era un doloroso testimonio de su pérdida: “¡mis hijos!”, constante recordatorio que avivó el odio y la locura en el corazón de Don Rodolfo. La falta de comida y el sufrimiento de la pobre madre la consumió a penas seis meses después. A un costado del aún tierno aguacate, Doña Aura pidió ser enterrada para estar con sus pequeños para toda la eternidad. Los restos mortales de los pequeños también fueron trasladados a ese lugar por instrucción de Don Rodolfo. La barda de piedra aún no terminada ganaba altura y la casa de los De Escalante iba tomando forma, cuya ala principal hoy permanece en aquel sitio, sitio desde donde hoy se cuentan las macabras historias que habitan en las oscuras horas de la noches. Las historias para no dormir.
Terrorífica historia es la de Don Rodolfo y los De Escalante en la Nueva España. Rodolfo y Juan De Escalante fueron dos hermanos provenientes de Toledo que se habían unido a la expedición de Cortés con el afán de llevar el negocio de su familia a las Indias. La familia De Escalante poseía una forje de armas que en buena parte fueron responsables de la muerte de miles de habitantes de las tierras que conquistaron los españoles. Los hermanos escalaron rápidamente entre los soldados de Cortés por su fiereza e inclemencia contra los conquistados. Los hermanos escribían cartas de jubilo y esperanza de expansión para la herrería, por supuesto que dejaban fuera los temibles detalles de sus proezas militares en Cuba, las Antillas, La Villa Rica de la Veracruz y Tenochtitlán. Fue Tenochtitlán el inicio de una serie de desgracias para los hermanos, serie que no culminó hasta extinguirse la vida de Don Rodolfo… quizás.
América tenía preparado un reclamo de sangre insaciable para los De Escalante, el primero en pagar ese peaje fue Don Juan, a quien Cortés había encomendado la conquista definitiva del Señorío de Azcapotzalco. Precisamente fue en Coyoacán donde los soldados que comandaba cayeron en manos de fieros guerreros águila que no tuvieron piedad sino de Don Juan, a quien presentaron ante el señor Cuahupopoca quien ordenó su inmediata decapitación y ofrecimiento ceremonial. El cuerpo de Don Juan nunca fue hallado, los totonacos que habían acompañado a los españoles en aquella empresa dieron parte de la crueldad que sufrieron los capturados a Cortés, quien vio en este suceso el pretexto perfecto para ordenar el sitio definitivo de Tenochtitlán y la toma definitiva de los Señoríos aledaños. Don Rodolfo De Escalante pidió a Cortés dirigir personalmente al bergantín que desembarcaría para la carga contra Iztapalapa y Coyoacán. Don Rodolfo sometió con brutal crueldad esas tierras que no tuvieron otra opción que pasar al bando de los conquistadores para culminar la toma definitiva de la gran Tenochtitlán. Aquella fue la primer venganza que Don Rodolfo juró en América, no sería la última.
Desolado tras la muerte de sus dos varones y su señora, Don Rodolfo envió a la pequeña Carmen de vuelta a España para ser cuidada por su hermana Doña Julia De Escalante viuda De Torrecillas. Don Rodolfo permaneció en la Nueva España supervisando la construcción de su fortaleza que habría de servir de casa, encomendó construir montado en la pared un altar a la virgen del Rosario, altar que aún permanece en la esquina que inicia el callejón del aguacate y cuya virgen en algunas noches, muchos cuentan, llora sangre.
Don Rodolfo montó guardia por las noches, desde que terminó la novena en honor a sus pequeños hasta el día de su muerte. En la esquina donde encomendó su altar, Don Rodolfo pasaba las noches rezando, entre los habitantes indigenas de esas tierras surgió la advertencia de no cruzar esa esquina al caer la noche pues aquellos que osaban poner un píe en aquella propiedad no volvían a ser vistos jamás. Durante el restante de la longeva vida de Don Rodolfo desaparecieron 46 niños y 20 jóvenes que se esfumaron por completo de esas tierras, hasta el día de su muerte, cuando sus criados dieron cuenta de los horrores que aquellas pobres almas sufrieron. Las osamentas fueron mortero para fortalecer la pared, dentro de la casa los gritos de auxilio eran ignorados mientras en su estudio de los horrores Don Rodolfo extraía la sangre abdominal para consumirla, mientras que la carne forraba sillas y mobiliario del estudio y los huesos se los daba a sus perros como juguetes o premios. Los sesenta y seis muertos, como toda la población indígena de esas tierras era para Don Rodolfo de Escalante el rostro del enemigo responsable de su dolor y tragedia.
Para 1537 el muro y la casa estaban terminados, un Rodolfo con aspecto de ermitaño prohibía a sus esclavos y criados hablar de lo que acontecía durante los días, sólo permitía que salieran a los jardines a regar con un balde que él les daba el aguacate que empezaba a formarse en árbol en la esquina de la propiedad.
Cuarenta años después de aquella fatídica noche de septiembre, noche en que Don Rodolfo lo perdió todo, un estruendo demoniaco llegó hasta la casa de Don Rodolfo, los criados y esclavos dicen que el diablo mismo le visitó para reclamar su alma. En la madrugada de aquel día Don Rodolfo echó a reír en la esquina de su casa, sentado como un niño contemplando su aguacate estremeciendo a todos los que le escuchaban, con una daga que había traído consigo de Toledo puso fin a su vida. La lectura de su testamento dejó en propiedad toda su Hacienda a su hija Carmen De Escalante de Rodriguez, quien decidió limpiar un poco su conciencia transformado aquella casa en una residencia para enfermos que formó parte de la herencia de los De Escalante en México hasta la década de los ochentas.
La casona de los De Escalante vio pasar por sus cuartos a miles de heridos y enfermos que padecieron en aquel lugar. Siglos de dolor abrazan la casa que hoy es hogar de nuestros estudios. El pasar del tiempo se ha encargado de hacer crecer la leyenda de este sombrío lugar.
Muchos años después de los sucesos que comenzaron todo un descendiente de los De Escalante decidió volver con su familia a la vieja casona de Coyoacán. Gustavo Escalante era padre de familia de Emilio, Benito e Irma, esposo de Beatriz Rodriguez. La familia vivió días felices desde el final de la primer década hasta la oscura noche del 20 de septiembre de 1929.
Don Gustavo fue un abogado de origen Español, un hombre bastante respetado por sus colegas y la sociedad en general, tenía muy buenos contactos y su familia vivía una muy buena posición en México. Sin embargo, existió un lado oscuro de Gustavo, una obscena obsesión por el ocultismo. En ocasiones desaparecía por semanas enteras para visitar brujos negros en Catemaco Veracruz. La inquietud que le robaba el sueño era la maldición que aquejaba a su familia desde que su ancestro, Don Rodolfo De Escalante, sembrara el terror en los corazones de los habitantes indigenas de esas tierras y se enemistara con sus dioses jurándoles la más fiera de las venganzas.
Fue así que un brujo le dio a Gustavo una Ouija para que contactara con su ancestro y esclareciera sus inquietudes en torno a los acontecimientos que dieron origen al sufrimiento de muchas generaciones de De Escalantes que por siglos se rehusaron a habitar en México temiendo un trágico final. Muchos siglos habían transcurrido ya y Gustavo estaba determinado a poner fin de una vez por todas al maleficio.
Aquella oscura noche del 20 de septiembre de 1929, Gustavo llegó a casa y pidió a toda su familia reunirse en el salón principal de su residencia. Sobre la mesa de su precioso comedor no había más que 4 velas negras y una tabla con letras escritas en ella. Gustavo explicó para sorpresa de todos el misterioso propósito de sus constantes viajes a Veracruz. Sus hijos por aquel entonces ya alcanzaban como mínimo la adolescencia siendo Benito el menor de ellos con 16 años. Beatriz no sabía muy bien como interpretar la extraña petición de su esposo, los hijos lo tomaron con cierta intriga y curiosidad. Cuando el padre de familia terminó la historia pidió que se apagaran las luces y se encendieran las velas para formar una suerte de circulo en torno al tablero. Todos tomados de las manos dijeron las palabras que el brujo había preparado para Gustavo. Con voz de mando y cierta esperanza dijo: Estamos aquí reunidos, generaciones de Escalantes que exigimos hablar con el alma de Don Rodolfo de Escalante, Capitán español que conquistó estas tierras y habitó hasta el día de su muerte en esta casa.
Todos los integrantes de la familia estaban tomados de las manos, expectantes a una respuesta por parte del tablero. Un frío como jamás habían experimentado los atravesó a todos, las luces que a la distancia se veían se apagaron súbitamente, un silencio sepulcral reinó en la sala… únicamente lo descompuso el sonido de los pabilos de las velas que se extinguieron una a una, como si alguien o algo estuviera soplando para apagarlas. Irma trató de soltar la mano de su padre, Gustavo le gritó: NO, NO DEBEMOS ROMPER LA CONEXIÓN. La pobre no lograba salir de su espanto pero decidió hacer caso a su padre, quien guiaba la sesión con extraña y natural destreza en el oculto asunto. De pronto el oráculo que era sostenido por Gustavo comenzó a moverse. Deletreo letra a letra su respuesta: S-A-N-G-R-E. Se miraron incrédulos todos pero ninguno quiso romper la conexión. Gustavo volvió a preguntar: Don Rodolfo ¿está usted aquí con nosotros? El oráculo nuevamente se movió deletreando la palabra: M-U-E-R-T-E. Nadie daba crédito de lo que estaba sucediendo en aquella oscura noche. Emilio, un joven de 20 años, decidió que había sido suficiente seguirle la corriente a la excentricidad de su padre y sin más soltó la mano de madre y su hermano Benito, al tiempo que dijo: “¡En verdad espera, padre, que no nos demos cuenta que no está buscando más que la manera de asustarnos! Me voy a dormir, ya tuve suficiente locura por un día”. Caminó hacia la puerta corrediza, pesada puerta de madera que dividía el salón principal del estudio de su padre, se cerró violentamente.
Beatriz la madre cayó desmayada, Emilio no podía creer lo que había visto, no había explicación alguna para que una puerta corrediza tan pesada como esa se cerrara abruptamente sin que nadie la empujara. Así fue que sin pensarlo le pidió a su hermano Benito que le ayudara a abrirla, Benito corrió rápidamente a interesarse por su madre que yacía desfallecida en el piso a un lado de la mesa.
Irma no podía parar de llorar, privada por un profundo e inenarrable horror era testigo de una de la escena más escalofriante de su vida. Ninguna leyenda de horror que conociera se comparaba ya con lo que estaba viviendo, ni siquiera las exploraciones que de niños hacían los hermanos en las noches para visitar el árbol de los susurros, pues Emilio les había contado que por la noche si se ponía mucha atención en el tronco del árbol de aguacate en el que terminaba su jardín se podían escuchar los lamentos de una mujer y unos niños, así como desgarradores gritos de horror. Ninguno de los asistentes estaba preparado para lo que tendrán lugar aquella oscura noche.
Cuando Emilio se percató de que su madre estaba tirada a un lado de la mesa corrió a ayudar a Benito, ambos le pidieron ayuda a su padre… nadie les contestó. Alzaron la cara para ver si su padre se encontraba bien, o si también había sido derribado, víctima del miedo ante una situación que comenzaba a pintar para peor. Para asombro de los hermanos, el lugar en donde ellos esperaban encontrar a su padre estaba vacío, sólo asomaba por los ventanales del comedor que daban al jardín la sombra del árbol de aguacate al final de su jardín. Gustavo había desaparecido. Sin dar mayor importancia a la desaparición del jefe de familia, los hermanos esquivaron a una horrorizada Irma que no podía salir de la conmoción. Todo mientras el tablero seguía activo y funcionando como un portal. Llevaron a la madre hasta un pequeño sillón que se encontraba en la sala principal de la casa y decidieron abrir uno de los grandes ventanales de la casa, pensando que quizá un poco de aire fresco reanimaría a la señora.
Cuando Emilio y Benito abrieron el ventanal se percataron de la figura de un hombre que estaba sentado, como contemplando el aguacate, ambos pensaron de inmediato en que su padre habría salido a tomar un respiro al jardín, sobrecogido por la emoción del momento… estaba parcialmente en lo correcto. Cuando decidieron llamarlo el hombre volteó, no vieron más que un ente completamente oscuro del que no se podían distinguir más que un par de brazas ardientes en donde deberían estar sus ojos. Sin dar crédito a lo ocurrido, continuaron su intento por reanimar a su madre. Emilio entonces le dijo a Benito que iría al botiquín por alcohol. Emilio echó a correr y atravesó sin mayor problema el umbral que antes estaba bloqueado por las pesadas puertas corredizas que separaban la sala del estudio y el resto de la casa. Benito, decidió atender al mismo tiempo a su hermana Irma; sin embargo, Irma también había desaparecido. Sorprendido por el hecho, pero sin ánimo de dejar a su madre sola, Benito empezó a llamar por su nombre a su hermana, fue entonces que escuchó carcajadas infantiles, nuevamente en el jardín. Benito estaba convencido de que su imaginación le estaba jugando una mala pasada, se llevó ambas manos al rostro para frotarse los ojos, al abrirlos nuevamente vio claramente a su padre sosteniendo a Beatriz con una mano y empuñando una daga en la otra. ¡PADRE, ¿QUÉ ESTÁ HACiENDO? Grito, e inmediatamente, Gustavo cortó de un sólo tajo la garganta de su hermana para dejarla tumbada al lado del árbol regando éste con la sangre que emanaba a borbotones del cuello de la joven. Benito no podía creer lo que estaba pasando, fue entonces que Gustavo lo miró fijamente y echó a reír.
¡Benito, muévete carajo, que mi mamá no se despierta! –gritó Emilio– súbitamente Benito salió de su asombro sin poder articular palabra alguna. Fue entonces que desde la segunda planta de la casa escucharon al padre llamándoles, este les decía que llevaran a su madre al patio para que el césped húmedo y el aire fresco la reavivara. Cuando Emilio se dispuso a seguir la instrucción de su padre Benito lo detuvo. ¡Mi papá está como loco, acaba de matar a Beatriz… cabrón, vámonos de aquí, hay que sacar a mi mamá! le dijo Benito a Emilio. Ignorando lo que su hermano le imploraba lo apartó y cargó a su madre, como quien carga un costal de papas salió por la ventana que apenas tenía una caída de 30 cm respecto al jardín y la acostó justo en el medio. Al intentar reintegrarse Gustavo apareció detrás de él, tomó al joven de la cabellera, le alzó la cara y de un sólo tajo lo degolló; con una fuerza sobre natural lo lanzó al tronco del árbol, cubriendo éste con la sangre que emanaba con potencia del cuello del joven. Benito subió a toda velocidad a su cuarto, el muchacho no podía dejar de pensar que todo era un mal sueño y tendría que despertar eventualmente. Su idea fue correr a su habitación, quizá contemplándose a sí mismo durmiendo: despertaría.
En el jardín, el cuerpo de Beatriz seguía tirado, sin conciencia alguna de lo que estaba sucediendo, fue así que Gustavo la recogió, tomándola entre sus brazos la cargó hasta la base del árbol, empuñando su daga se la enterró de forma violenta en el corazón. Inmediatamente dejó caer el cuerpo de su mujer, todavía con la daga clavada en el pecho, ya en el piso con la maestría de un cirujano (o quizá la de un carnicero) rompió la barrera torácica de la mujer, extrajo su corazón y lo contempló… mientras el cuerpo sin vida regaba con más sangre las raíces de el árbol de aguacate.
Benito presenció aquel horror desde su ventana. Buscando la salida de su pesadilla únicamente se hundió aún más en la misma. Benito sabía que la situación que vivía era límite, debía de enfrentarla para sobrevivir así fue que puso marcha a toda velocidad al jardín. Era Benito quien tenía que enfrentar a un Gustavo que aquella noche parecía más un demonio que su padre, fue así que antes de salir al jardín tomó la ouija de la mesa. Lo que había empezado todo tendría que terminarlo. A toda velocidad se lanzó en dirección a su padre para golpearlo con la tabla y así desarmarlo; sin embargo, en un reflejo ante el ataque inminente el padre clavó la daga en la tabla. La fuerza del golpe de aquella daga contra la tabla fue más la de una explosión que la de un simple pedazo de acero afilado rompiendo una tabla de madera. Un chillido horrendo se escuchó en lugar del sonido de la madera rompiéndose. Benito y Gustavo quedaron tirados en el jardín. El esfuerzo final y absoluto sería recomponerse para asestar el golpe final al oponente, cuando Benito intentó hacer lo propio, Gustavo estaba encima de él. Lo miro fijamente y le dijo: ¡Hijo, tienes que ser tú quien termine con esto, no traigas más dependencia maldita a este mundo!.
Benito intentaba quitarse a Gustavo de encima, la daga empuñada en su mano ahora tenía como base el tablero ouija… Gustavo retiró su brazo para tomar impulso y cuando todo parecía perdido para el muchacho… el padre de un sólo golpe y sin meditación se clavó el cuchillo en la sien.
El cuerpo sin vida de Gustavo escurría sangre en la cara de Benito, el joven con apenas 16 años no podía terminar de entender como toda su vida se había venido abajo en a penas minutos de una oscura y desafortunada noche de septiembre. Benito perdió la conciencia.
Debido a la posición social de la familia De Escalante y a algunos colegas del licenciado Gustavo De Escalante y Casas, los periódicos no publicaron más que una esquela recordando a “Gustavo de Escalante y Casas, padre de familia de Emilio e Irma De Escalante Rodríguez, esposo de Doña Beatriz Rodríguez Martínez, a quienes sobrevive el joven Benito De Escalante Rodríguez. Perdieron la vida durante un intento de robo a su propiedad. Qué en Paz Descansen…” el periódico daba información sobre los horarios de la novena que se ofrecería por el descanso eterno de la familia. La versión oficial de la historia fue esa. Benito único testigo y superviviente sabía que la realidad había sido otra, pero nunca hasta el día de su muerte quiso contar lo ocurrido. El relato de aquella oscura noche lo guardó en una caja junto a otra memoria oscura. La caja sólo decía: “no abran nunca esta caja de la media noche”. Clavado en ese baúl de madera estaba el arma homicida, una preciosa daga antigua con una empuñadura de fina manufactura que tenía el escudo de armas de la familia De Escalante.
El 6 de septiembre de 1986 el cuerpo del capitán del Heroico cuerpo de fucileros Benito De Escalante Rodriguez fue encontrado por su asistente doméstica en su casa en el barrio de Santa Catarina en la delegación Coyoacán, murió de causas naturales según lo indicado su certificado de defunción.
Su casa en el número 34 de la calle Francisco Sosa estuvo abandona muchos años. Las únicas visitas que recibía la propiedad eran el sin fin de curiosos y amantes de lo paranormal que se daban cita en las madrugadas para comprobar si el llanto de sangre de la virgen del Rosario, que se encontraba en un altar cubierto por las ramas y hojas de un antiguo árbol de aguacate, eran reales. O bien, si los lloros y quejas de dolor de una madre y sus hijos eran audibles entrada la media noche. O si el hombre de la capa se aparecía por aquella esquina a las 3 con 33 de la madrugada. Finalmente la delegación Coyoacán tomó posesión del inmueble y fue rentado como espacio para oficinas. En la oficina, que hoy es un estudio se encontró el baúl con la daga, donde escrita estaba la historia antes contada y una carta cerrada que decía “el niño”.
El niño 
Todas las tardes al volver del cuartel tenía la única certeza de que me encontraría al mocoso regordete jugando con sus amigos fuera de mi casa. Por años toleré que ese infeliz chamaco me imitara y me siguiera como marchando a mi lado, pidiendo tocar mi uniforme e ignorando mi atenta petición de que me dejara en paz. Pero yo nunca creí ser un asesino, odiaba a ese niño sí, pero nunca lo suficiente como para matarlo. Escribo esta confesión que espero no sea leída nunca, porque no puedo más con la culpa, pero sobre todo con la imagen maldita del escuincle regordete que me sigue a todos lados a donde voy.
El día 15 de septiembre de 1949, lo recuerdo pues volvía de la ajetreada jornada del desfile militar, toqué la puerta del número 15 de la privada Mondragón. Hasta ese lugar había seguido al condenado chamaco. Me atendió un señor, no tendría más de 40 años, con algo de sorpresa el muy maricón pensó que tenía algún problema que el ejercito iba a resolver. Le aclaré que mi visita tenía como objetivo resolver un asunto urgente. Quería saber si el niño malcriado y regordete era su vástago. Toda vez que el imbécil me confirmó que la dolencia ésa era su niño, le pedí que le ordenara que dejara de estarme fastidiando, le advertí que no quería volver a ver a su hijo y a su panda de amigos jugando cerca de mi propiedad nunca más. Tengo derecho a estar solo, a no escuchar el infernal chillido de esos mal nacidos cuando quiero retirarme a descansar. Como no podía ser de otra manera, me juró por su madre que la molestia no se repetiría, me ofreció pasar a su casa, tomar un café… nomás no me ofreció a su esposa porque no tuvo oportunidad. Le dije que lo único que quería de él era que su niño no me estuviera jodiendo y no se apareciera más por mi casa y mi calle. Se le pusieron sus ojos rojos y me extendió la mano, como si yo quisiera estrechar la mano sudada de un blandengue como ése, di la media vuelta y le dije: estás advertido, cabrón.
Antes de matarse mi padre me dio el mejor consejo de la vida: no traigas dependencia maldita a este mundo.
Ciertamente no tolero la compañía de mujeres que no sea por más de unas horas, desnudas y en la cama, como para qué carajos querría yo además a un niño.
El día 20 de septiembre de 1949, pasaban las 1800 horas cuando regresé de una caminata por el barrio. Ahí estaba ese engendro del demonio, jugando a las canicas en solitario. Le grité: “le advertí a tu padre que no quería volverte a ver aquí, mocoso”. Lleno de ira me abalancé hacía él. La cara de espanto que tenía la pequeña bestia ése era castigo suficiente. Pero aún hoy a tres años de lo que pasó no puedo entender lo que se apoderó de mí, ese día.
Todo lo que hice, si es que yo lo hice fue en calidad de espectador, cuando tomé al niño era para llevarlo de las orejas con el bueno para nada de su padre, con el afán de que le dieran una merecida chancliza, juro que esa era mi intención.
Primero le tomé de la oreja y cuando lo quise arrastrar el mocoso empezó a llorar. Ese tipo de mariconerías francamente me encabronan pero no como para tomarlo del cuello. Mis manos, las dos apretaron su cuello y cargaron al niño en la esquina de mi casa, parecía que se lo estaba entregando a la virgen, el olor de los orines de ese mocoso era penetrante, pero parecía que no me importaba que sus meados fueran a manchar mi uniforme, porque con los dos brazos lo cargué más hasta que escuché finalmente como el pescuezo le tronó. Juro que cuando volví en mí el niño estaba tirada burlándose de mí. Abrí el portón de mi casa y cuando iba a entrar a mi sala para tomarme un tequila escuché un golpe muy fuerte, era un coche que se había estampado contra el muro exterior de mi casa, abajo del coche estaba el cuerpo del mocoso ése… La cruz y la policía dijeron que el conductor tratando de esquivarlo se lo llevó y lo mató, pero yo sé que eso no fue así, como también sé que el empedrado de la calle no deja que los coches tomen mucha velocidad, no sé cómo es que el conductor de ese Cadillac también se murió.
Creo que estoy perdiendo la razón, pero también creo que la maldición de la que tanto hablaba mi padre es real. Juro por la memoria de mi madre que los acontecimientos de ese día me tuvieron como mero espectador, pero aún así no puedo quitarme de la cabeza la imagen de ese niño entre mis manos, sus ojos que se apagaron cuando le tronó el cuello. Todo lo demás que pasó ese día ya no sé si es verdad, o sólo un sueño. ¿Yo maté a ese niño? ¿Qué se apoderó de mí, llenando mi ser de tanta rabia? Ya no sé si es verdad, pero necesito limpiar mi conciencia.
Ese niño viene a joderme la existencia, todas las madrugadas a las 3 me levanto, lo quiera o no. También, lo quiera o no lo veo y lo escucho jugando con sus canicas en la esquina donde murió.

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2017.06.19 06:15 eduardorse7 NOFAP : Disfunción erectil por adicción a la pornografía

Un informe indica que 70% de los jóvenes que tienen problemas en su desempeño sexual recurren con mucha frecuencia a la pornografía por internet.
¿Quiénes son estos jóvenes?
Son usuarios de pornografía de alta velocidad, la mayoría entre 20 y 30 años, que no presentan problemas cardiovasculares o diabetes, padecimientos asociados a la disfunción eréctil. Son hombres jóvenes adictos al erotismo y al placer que encuentran en la pantalla de la computadora. Son hombres que se quejan de falta de firmeza en sus erecciones; que tienen dificultad para lograr o mantener el endurecimiento del pene; que les cuesta excitarse o alcanzar un orgasmo con su pareja. Son varones que sufren de eyaculación retardada y que, por las mañanas, al contrario de la mayoría, no tienen erección espontánea.
Los adictos a la pornografía exprés sustituyen las relaciones íntimas por las imágenes en la pantalla. Esto los convierte en voyeristas pasivos, a veces incluso incapaces de imaginarse a ellos mismos como protagonistas del acto. La excitación a partir de los videos se da de manera acelerada (los videos duran de 3 a 5 minutos en sitios que ofrecen una amplia variedad). Por lo tanto, los asiduos a estos sitios se acostumbran al placer intenso e inmediato. En su vida diaria, no consideran que valga la pena el "sexo verdadero", en el que hay que darle tiempo al cuerpo para que responda gradualmente y se incremente la excitación. Prefieren "ir al grano". Después de todo, la gratificación está a tan sólo un click de distancia.
¿Cómo influye la pornografía en el desempeño sexual?
Habituados a masturbarse con las imágenes en la pantalla de la computadora, estos ávidos consumidores de pornografía pronto descubren que necesitan cada vez más estimulación visual y que ésta sea cada vez más extrema. El exceso de estimulación sexual provoca el adormecimiento de la respuesta al placer por parte del cerebro. Cuando por mucho tiempo se ha excedido el límite de estimulación, el cerebro se desensibiliza y es incapaz de responder a estímulos más sencillos y normales. El cerebro espera una dosis de excitación igual o mayor a la que ha tenido anteriormente. Si no la recibe, no envía la orden al pene para que se endurezca. Es lo mismo que sucede con las drogas, los videojuegos y los deportes extremos: una vez que se recurre a ellos de manera frecuente, el cuerpo desarrolla tolerancia y pide más y más, y de manera constante.
¿Es posible recuperarse?
Sí, es posible. El efecto es reversible, pero es difícil, pues involucra evitar la exposición a la pornografía cibernética, y/o la práctica de la masturbación acompañada de videos eróticos en la red. No hay otra opción para el tratamiento, los medicamentos no funcionan, pues se trata de un hábito que provoca una respuesta fisiológica en el cerebro y el resto del cuerpo. La prescripción es abstenerse por uno o dos meses, tiempo suficiente para "restaurar", sí, como en las computadoras, el circuito cerebral asociado al placer.
Como con otras drogas, durante el periodo de privación puede aparecer el síndrome de abstinencia: insomnio, irritabilidad, ansiedad, desesperación, problemas para concentrarse y temblores. Independientemente de que aparezcan estos síntomas o no, la recuperación pasa por tres fases. En la primera, el deseo sexual casi desaparece. En la segunda etapa, se vuelven a tener erecciones matutinas e involuntarias. En la última fase se recupera por completo la función eréctil, el deseo sexual hacia una persona "real" y el sexo se convierte en algo muy placentero y natural.
CITA: "La pornografía es el erotismo al que falta inteligencia" TERENCI MOIX, ESCRITOR ESPAÑOL
DATO INTERESANTE: México es el principal difusor de pornografía en el mundo, y en el territorio operan más de mil 300 sitios. Diariamente se realizan más de 116 mil búsquedas. (www.vanguardia.com.mx)
RECOMENDACIONES: Disfunción eréctil: solución desde la pareja Autor: Darío Fernández Editorial: Círculo Rojo Sinopsis: En este libro se analizan las causas, mitos y prejuicios sobre la disfunción sexual y se exponen consejos concretos para abordar la situación desde la pareja
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2014.08.13 18:06 wayusei1 Visa de EEUU - Información General

[En Negritas, remarcado por wayusei1, los puntos importantes a considerar especialmente por pedrilatero]
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2014.03.02 18:14 marcocastel Personas trans en México? / Mexican trans people?

Since I'm looking for people in México I'm going to write in spanish. Es un gran salto en la oscuridad el que estoy haciendo, pero quiero saber si hay personas en México que estén en este sitio y que sean trans. Soy un hombre transexual, aunque aún no inicio ningún tratamiento hormonal (sólo he visto un psiquiatra). Me gustaría saber principalmente los costos $$$ de un tratamiento de testosterona. Cita con el endocrinólogo, ese tipo de cosas. Saludos y gracias por leer.
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